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Yo mi mío me conmigo

O los efectos perversos del ombliguismo. Una nueva entrega de "Sano y salvo".

Categoría: Cultura | 30 octubre, 2017
Redacción

sa i estalvi octubre 2017 2 Yo mi mío me conmigo

En los últimos, aproximadamente, dos siglos hay un auge del individuo. El individuo y lo individual han ocupado un espacio central en nuestras concepciones de la identidad. Compartimos un imaginario colectivo en donde el yo es el eje de todo lo demás. Probablemente sea también una reacción a otras épocas en que las personas tenían poco margen de maniobra: quizás ocupaban un lugar muy definido dentro de una comunidad, probablemente debido a la clase social a la que pertenecían. O por el orden de nacimiento, o por el género. Y ese lugar tan definido implicaba unos roles y tareas igualmente definidos.

Así, parece que se ha ido liberando una necesidad de reafirmación personal en frente de una comunidad o sociedad que tenía los roles muy marcados. Frente a este empoderamiento del yo, la comunidad o lo colectivo parece que se hayan desvanecido; aunque en realidad no sea así.

Hemos aprendido a decir “yo“. Ahora se trata de lo que yo quiero, lo que yo no quiero, lo que yo necesito, lo que yo no necesito, lo que yo sé, lo que yo busco, etcétera. El yo es el nuevo centro del universo. Y alrededor de este yo, se han generado un corpus de creencias. Una de ellas es la de la libertad. Según ésta, el yo tiene derecho y es libre de hacer lo que quiera.

Sin embargo, no es todo oro en este empoderamiento del yo y sus secuaces mi, mío, me y conmigo. Si tomamos de nuevo la creencia en la libertad, si yo soy libre de hacer lo que me venga en gana, pues puedo por ejemplo ir en el metro escuchando mi música preferida sin necesidad de auriculares. Probablemente molestaré al resto de pasajeros. Pero eso no importa, porque se trata de lo que yo quiero. De hecho, no es una situación para nada insólita.

Ahora imaginemos que cada uno de los 30 (o los que sean) yoes que coinciden en un vagón de metro, decidieran escuchar su música preferida sin necesidad de auriculares. ¿Qué sinfonía crearían la suma de una ópera, de una pieza de heavy metal, una de rock, de pop, de jazz, de clásica, una batucada, etcétera? ¿Alguien podría realmente escuchar su música preferida? En nombre de la libertad personal, muy malentendida, se pueden cometer muchos actos en los que no tenemos en cuenta a los otros.

Considero que en esta conquista de cotas personales, nos hemos ido al otro extremo. Ahora somos incapaces de ver al otro, de tenerlo en cuenta. El otro en todo caso parece estar allí para hacer de satélite que gire a nuestro alrededor, como si no tuviera órbita propia. Esa es la pretensión. Sin embargo, si en el encuentro entre dos yoes, el trato que se dispensan mútuamente es el de marioneta, el choque de egos es inevitable. Lo veremos próximamente.

Sa i estalvi

Agradecimientos: A NomNam por el naming de la sección

Categoría: Cultura | 30 octubre, 2017
Redacción
Tags:  sano y salvo,

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