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La persona: una tríada

La psicoterapia gestalt aborda la persona desde una visión triple: somos pensamiento, emoción y cuerpo.

Categoría: Cultura | 14 septiembre, 2016
Redacción: Eulàlia París

Uno de los aspectos más interesantes de la psicoterapia gestalt es que aborda la persona desde una visión triple: somos pensamiento, emoción y cuerpo.
A pesar de la preponderancia social por la razón (en otra ocasión escribiré sobre esto), lo cierto es que las personas no sólo pensamos y por lo tanto existimos, que decía Descartes, sino que además nos emocionamos y percibimos corporalmente.

Lo habitual es que cada uno de nosotros tenga una tendencia: algunos somos más mentales, otros más emocionales y otros más instintivos. ¿Qué implica eso?
Los mentales -entre los que me incluyo- tendemos a vivirlo todo desde el raciocinio: siempre estamos buscando soluciones desde la cabeza, nos quedamos dando vueltas a las circunstancias que la vida nos pone en frente, racionalizamos sentimientos, etc. No es de extrañar que el tipo de pensamiento sea obsesivo y que, como me dijo alguien, estemos todo el tiempo centrifugando.
Por otro lado, los emocionales se suben a la montaña rusa de los sentimientos, parecen buscar la intensidad de estos para sentirse vivos. A veces se les acusa de exagerados.
Por último, los que se dejan llevar por lo instintivo, reaccionan sin valorar antes la conveniencia de lo que puedan actuar. A menudo se arrepienten por su impulsividad, porque ésta trae consecuencias.

Trabajar los 3 aspectos va en la línea de equilibrarlos y que deje de haber una preponderancia. Voy a poner algunos ejemplos.

Ante una situación de conflicto, si eres una persona de estilo mental o emocional, te puede convenir desarrollar tu lado más visceral para poder poner límites de un modo claro y asertivo. En lugar de quedarte pensando y dudando de lo que puedes hacer o decir, o en lugar de ponerte a llorar o a dramatizar la situación, puedes permitirte escuchar a tu cuerpo diciendo un gran “no quiero“.

A los mentales nos viene bien bajar al cuerpo, sentirlo, ya que muy a menudo lo ninguneamos.
El cuerpo no engaña, si se le quiere escuchar, le dice a uno lo que le está pasando muy claramente. Además es el motor de la acción.
El cuerpo es el contenedor del mundo emocional, con lo cual no sólo sentimos si tenemos hambre o frío, sino que en él se producen sensaciones físicas cuando estamos alegres, tristes o enfadados. Así que sentir el cuerpo, hace que uno salga de sus enredos mentales y deje de engañarse, permitiéndose notar que aquello que siente en el pecho es angustia, por ejemplo.
Además, cuando uno clarifica qué le pasa, puede tomar una acción igualmente clara en lugar de perderse en lo mental.

Más o menos lo mismo ocurre con las personas de estilo emocional que, ante ciertas circunstancias, se pueden desbordar fácilmente. Sentir el cuerpo, les ayuda a arraigarse, salir de la emoción abrumadora y pasar a la acción. Quizás en lugar de echarse a llorar, pueden expresar al otro su emoción o ponerle un límite claro.

Si además añaden un poco de cabeza, pueden clarificar las cosas en lugar de enredarse en lo emocional. Añadir cuerpo y cabeza en este caso, ayuda a pasar de lo sensiblero a lo sentimental, que es diferente.
Por ejemplo, muchas mujeres continúan en relaciones de pareja simplemente porque el otro le quiere. A menudo escucho lo de “Ay, pobrecito, es que ¿cómo le voy a hacer eso (dejarle)? Le voy a hacer daño, porque él me quiere”.
La cuestión es que aceptar claramente (aspecto mental) que una no quiere al otro lamentablemente, puede servir para pasar a la acción (aspecto instintivo) y poner fin a una relación que a la larga se puede mantener, aunque deteriorada, o va a acabar como el rosario de la Aurora.
¿Para qué perder nuestro tiempo y hacerlo perder a otros?

Por último, las personas de estilo visceral o instintivo, como decía, pueden tender a ser muy reactivas e impulsivas. Una de las cosas que sorprende a menudo es descubrir que detrás de la rabia, resulta que hay dolor. Desde la rabia, uno pasa a la acción y le corta la cabeza al otro, acusándole o reprochándole lo que sea.
Si le pone cabeza a la cosa, puede prever los posibles resultados. O bien, si conecta con el dolor, puede expresarse desde allí.
Nótese la diferencia entre estas dos frases:
-¡Eres un hipócrita, un mentiroso y embustero!
o
-Esto que acabas de decir, me ha dolido mucho.

El que recibe una u otra frase también responderá diferente si se siente atacado y acusado o si siente que el otro le está hablando desde un lugar más emotivo.
La reacción normalmente produce más reacción. Lo podemos ver cada día en la calle, con los conductores gritándose por infracciones.

Sa i Estalvi

Agradecimientos:
A NomNam por el naming de la sección
A Rocío Larrumbide, diseñadora, por la ilustración

Categoría: Cultura | 14 septiembre, 2016
Redacción: Eulàlia París
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