R t V f F I

Echo & The Bunnymen, cuando los clásicos también importan

La banda de Liverpool actúa el próximo 14 de febrero en Razzmatazz.

Categoría: Cultura | 29 enero, 2019
Redacción: Javier Pereda

Cuando hablamos de post-punk y new wave, deberíamos ser conscientes de todo lo que han hecho Ian McCulloch y los suyos al frente de Echo & The Bunnymen, una de las bandas más longevas y queridas del rock alternativo británico. Con más de cuatro décadas de carrera sobre sus espaldas, los de Liverpool han tocado el cielo como estandartes de un sonido sexy pero sucio, oscuro pero elegante. Hay pocas sucesiones de discos tan rotundas como las que protagonizaron entre los setenta y los ochenta, con una proverbial melancolía cuyo rastro se puede ser en grupos de todas las épocas y pelajes: de Interpol a Oasis, de Arcade Fire a The Flaming Lips. Es por eso que su visita a España el próximo febrero, con una gira que incluirá una parada el día 14 en Razzmatazz 1 dentro del Room Festival, se antoja una cita ineludible con tamañas leyendas de culto.

En 2018, coincidiendo con su cuarenta aniversario, Echo And The Bunnymen decidieron rendir tributo a su dorado repertorio con un nuevo disco, ‘The stars, the ocean & the moon’, en el que reinterpretan e reimaginan trece de sus clásicos (están, claro, ‘The Killing Moon’, ‘The Cutter’, ‘Bring on the dancing horses’ o ‘Lips like sugar’). “No hago esto por nadie más. Lo hago porque es importante para mí hacer mejor las canciones. Lo tengo que hacer”, decía en un comunicado su líder, Ian McCulloch. Es un álbum de madurez y reafirmación, que certifica su estatus de mito generacional, de referente musical indiscutible.

Además, añaden dos nuevas composiciones, porque no solo del pasado viven los ingleses. Porque a diferencia de lo que puedan pensar muchos, que viven de rentas como muchos de estos dinosaurios del rock, Echo And The Bunnymen atraviesan una segunda juventud que ya les vio hace cinco años avivar esa chispa creativa que cimentó su estatus. Su último disco original, ‘Meteorites’, supuso una importante reinvención para la banda. McCulloch se forzó a examinar más profundamente sus emociones, especialmente su infancia en Liverpool y su tensa relación su padre. “Escribí desde el alma, más que desde el corazón o el cerebro. Me asusta y me sorprende cuánto he podido revelar sin cubrirlo con un velo”. A nivel de composición, además, los temas se hicieron con bajo gracias a la producción de Youth, el bajista de Killing Joke. Es la demostración de una banda inconformista que no quiere vivir de rentas.

Echo And The Bunnymen, ahora esencialmente el dúo formado por McCulloch y el guitarrista Will Sergeant, sabe jugar muy bien sus cartas. El vocalista fue el primero de una gran saga de líderes carismáticos y deslenguados británicos que en las siguientes décadas prosiguió con Morrissey, Ian Brown o Liam Gallagher (con el que, por cierto, protagonizó uno de los beefs tuiteros más cachondos que se recuerdan). Es un bocazas con corazón y con una entrega vocal épica que es igual de responsable que la guitarra a la hora de otorgar a la música un halo de grandeza, de melancolía y majestuosidad sin perder nunca un carácter intimista. Son una banda de estadio pero con el enfoque indie de sus inicios.

Tras la publicación de aquellas cinco obras maestras consecutivas, Ian McCulloch dejó la banda y, durante los noventa, parecía tan improbable que Echo And The Bunnymen volviese con su formación original como que lo hiciesen The Smiths. De hecho, a raíz del fichaje de un nuevo cantante, Noel Burke, McCulloch empezó a referirse a su antiguo grupo como Echo & The Bogusmen (bogus es falso en inglés). Pronto llegaría su álbum solista, ‘Candleland’, un tour de force emocional y una exhibición de madurez lubricada por las muertes de su padre y Pete de Freitas, batería original de Echo. McCulloch también colaboró con Johnny Marr y, en 1994, se reconcilió con Sergeant para formar el efímero dúo Electrafixion, con un puñado de singles y un álbum. Por su parte, el guitarrista formó posteriormente el proyecto Glide, a partir del que creó música instrumental experimental, ambient y psicodélica con teclados y sonidos electrónicos.

Categoría: Cultura | 29 enero, 2019
Redacción: Javier Pereda
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