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LA PATRONA

Santa Eulalia es la patrona de la ciudad, y cada 12 de febrero Barcelona recuerda a su patrona.

Categoría: Historia | 2 febrero, 2016
Redacción: Edu García

En Barcelona tenemos la suerte de estar bien protegidos ya que, desde los cielos, velan por nosotros dos patronas. La que nos protege desde hace más tiempo es santa Eulalia y la que reforzó su protección sobre la ciudad, en pleno siglo XIX,  es la Mercè. Para ser precisos santa Eulalia es la patrona de la ciudad, mientras que la Mercè lo es de la diócesis barcelonesa, es decir, la de la ciudad religiosa. Cada 12 de febrero Barcelona recuerda a su patrona.

HISTORIA VS. LEYENDA

Hay serias dudas sobre la existencia real de Santa Eulalia. Es habitual que con respecto de los hechos de los primeros tiempos del cristianismo se hayan producido reelaboraciones e interpretaciones y, sobre nuestra santa Eulalia, se suele decir que no es más que el desdoblamiento de la Santa Eulalia de Mérida. Pero en cuestiones de fe no sirve la razón y nos guiamos por lo que cuenta la leyenda que aparece por primera vez contada en el himno de Sant Quirze de finales del siglo VII. Así, según la tradición, Santa Eulalia de Barcelona es una santa y mártir que vivió entre los siglos III y IV. Su vida fue corta ya que sólo contaba 13 años cuando el gobernador Daciano ordenó su presa y tortura. Como todos los mártires su sufrimiento la elevó a los altares desde donde no quiere vernos sufrir.

UNA NIÑA DE SARRIÀ

Eulalia era originaria de Sarrià y fue criada como una fervorosa cristiana. Pronto destacó por su carácter piadoso. Según cuentan las leyendas anteriores a las de su martirio era tal su generosidad que incluso preocupaba a sus padres, Fileto y Leda. Un día que la niña llevaba en su falda para los pobres pan y, temiendo que sus padres la riñeran, al ser interrogada por éstos sobre lo que llevaba con tanto cuidado, aseguró que eran flores y al mostrarla los panes se habían transformado. También se cuenta que un día se acercó a unas niñas que estaban muy preocupadas intentando sacar, en vano, agua de un pozo seco y la santa obró el milagro al hacer rebosar el agua que desde entonces constituye una de las riquezas de la ciudad. Debajo de Barcelona mana un caudaloso río que se ha denominado el riu de santa Eulalia.

Así no es de extrañar que la niña terminara en olor de santidad, así mientras paseaba cerca de su casa, en un bosquecillo de cipreses, se le apareció un ángel que le aseguró que un día sería santa y patrona de la ciudad y para demostrárselo transformó los cipreses en palmeras, por ese motivo, el lugar se conoce hoy como el Desert de Sarrià (por encima de la ronda de Dalt, entre las actuales passeig de Santa Eulàlia y las calles de Can Caralleu y del Desert).

EL MARTIRIO

Cuando Eulalia se enteró que en la ciudad se estaban juzgando a sus compañeros de fe quiso presentarse ante el gobernador Daciano, al que que los romanos habían enviado para sofocar la cada vez más populosa comunidad cristiana, y recriminarle sus maléficos actos. Le habló con firmeza (Eulalia significa en griego la “bien hablada”) y sus palabras la condenaron. La leyenda cuenta que fue martirizada de 13 maneras distintas a cual más cruel. La Barcelona antigua conserva algunos de los escenarios donde se produjo el sufrimiento de la santa.

LA PRISIÓN DE SANTA EULÀLIA

La primera de las 13 torturas que se aplicaron a nuestra patrona fue el encerrarla en una cárcel donde las pulgas la mordieron y así sus carnes sufrieron sus primeros daños. Según la tradición, la cárcel estaría situada entre uno de los callejones que se abren a la calle de la Boqueria justo donde se sitúan los actuales l’Arc de Santa Eulalia i la Volta del Remei. La leyenda dice, además, que el sol, avergonzado, nunca se asoma por las calles que en su día fueron la cárcel de la niña. Se cuenta También que cada diada de Santa Eulalia las pulgas son más grandes en recuerdo de este episodio de tortura.

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Pero Eulalia no padecería sólo estas vejaciones. Como se negaba a renunciar a Dios se le aplicaron las más terribles torturas: azotada con un látigo con púas, castigada con garfios y arpones en el potro de tortura, puesta de pie en un brasero, se le cortaron los pechos, se le fregaron las heridas con piedra tosca, se le echó aceite hirviendo en las heridas y , si esto no fuera poco, se le echó también plomo fundido, se la lanzó a un pozo de cal viva y fue quemada con llama viva pero cada vez que los verdugos aplicaban con saña su castigo las llamas se giraban para no quemarla… Mucho debió sufrir la pobre niña con tanta maldad.

LANZADA DENTRO DE UN BARRIL

Una de las torturas que sufrió la pequeña niña fue la de ser lanzada, dentro de un barril en el que habían introducido clavos y cristales, por una pendiente. Hay en Barcelona una pequeña calle, con pronunciado desnivel en la que la tradición sitúa este martirio. Es la Baixada de Santa Eulàlia, donde una capilla la recuerda y en la que se leen unos emotivos versos de mossen Cinto Verdaguer. Era una costumbre que el día de la santa los barceloneses acudieran a la calle y subieran y bajaran por ellas hasta trece veces, tantos como martirios sufrió la pequeña. Ya que fue martirizada en un barril la santa terminaría por ser la patrona de aquéllos que los construían.

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PUESTA EN LA CRUZ

Cada nueva tortura incrementaba la fe de Eulalia en Cristo y al final se tomó la decisión de ponerla en la cruz. Así la santidad quedó asegurada. Dos son los lugares que en Barcelona se han identificado como escenario de la crucifixión.

El primer espacio estaría en plena Rambla, justo en el Pla de la Boqueria. Por ese motivo, sobre la galería que se sitúa en el edificio de la esquina de la calle Boqueria se pude ver una escultura realizada por Eduard B. Alentorn. En ese edificio estuvo originalmente la tienda de ropa que, abierta con el nombre de la santa, se trasladó a Passeig de Gràcia donde aún se mantiene.

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El segundo lugar es la plaça del Pedró, en el Raval, donde confluyen la calle del Carme y del Hospital. La plaza cuenta con el monumento más antiguo de la ciudad, primero fue de madera y más tarde de piedra. La imagen actual es de 1952 y fue realizada por Frederic Marés para sustituir la que en el siglo XVII había construido Lluís Bonifaç y que fue destruida en los tiempos convulsos de la guerra civil. El obelisco es original y desde el siglo XIX abastece de agua al barrio

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ENTIERRO

Enterrada por sus compañeros en la primitiva iglesia de Santa Eulalia del Camp, junto al Arc de Triomf, al ser una zona insaluble, se trasladarían a la iglesia de Santa María de las Arenas, actualmente Santa María del Mar. Allí los barceloneses empezaron a solicitar los favores de la santa que cumplía con su misión hasta que se produjo la invasión musulmana y, ante el peligro de que la tumba fuese profanada, se decidió que sus restos fueron ocultados y también perdidos. Fue a finales del siglo IX cuando fueron encontrados por el obispo Frodoí y se procedió a su traslado a la catedral.

TRASLADO CON MILAGRO

Nada era normal con Santa Eulalia y tampoco lo fue el traslado. La comitiva subió por la actual calle Argenteria y al llegar a la actual Plaça de l’Àngel ocuurió que los restos se volvieron muy pesados, sin que ningún ser humano pudiera moverlos. Todos los asistentes se arrodillaron implorando al cielo y de pronto un ángel apareció sobre los presentes y sin decir nada señaló a uno de los que allí estaba. Éste confesó que en la iglesia, sin que nadie lo viera, había sustraído el hueso de un dedo de la santa para tener privadamente una reliquia. Tras reponer el dedo se pudo continuar el traslado. Y fue en recuerdo de este milagro que en aquel lugar se levantaría un obelisco coronado con una imagen de un ángel con una mano señalando alsuelo y otra extendida señalando a la puerta donde se colocó una imagen de santa Eulalia. Las quejas de los vendedores que tenían sus puestos en la plaza llevó a eliminar el obelisco y la imagen terminó en la antigua puerta junto a la de santa Eulalia y donde no estaría mucho tiempo ya que la puerta fue eliminada. Hace medio siglo se tomó la decisión de reponer la imagen, esta vez en la fachada de la casa calicó que preside la plaza. Curiosamente, en los años en que el ángel desapareció de la plaza, el ángel perdió sus alas.

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EN LA CATEDRAL

Instalados los restos de la santa en la catedral, que por ese motivo se denomina de la santa Creu y de Santa Eulalia, en el siglo XIII se encargó al escultor Lupo di Francisco un bello sarcófago que hoy contiene los restos de la Santa y en el que están representados tanto el martirio como el traslado del cuerpo de la santa. Cada 12 de febrero, día de la santa, la catedral abre la puertas de la cripta para que los barceloneses rindamos pleitesía a la patrona y podamos admirar la joya artística donde su descansan sus reliquias.

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La catedral cuenta con otras imágenes de la patrona, las tres puertas cuentan con sendas esculturas. Lla principal en el Pla de la Seu, la de Sant Iu, junto al Verger del Palau Reial Major, y la del carrer del Bisbe, denominada de santa Eulalia.

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Además de estar presente en todas y cada una de las puertas también se la recuerda en las ocas que del claustro. Son 13 las ocas que en el centro del claustro recuerdan los años y los martirios que sufrió la santa. Además de este simbolismo las ocas avisan, de la misma manera que lo haría un perro, de cualquier movimiento inusual en los aledaños.

LA BANDERA DE SANTA EULALIA

Barcelona ha querido siempre a su patrona y le ha pedido ayuda en momentos de peligro. Así, cuando la ciudad declaraba la guerra a algún enemigo se encomendaba a ella. Para conseguir el favor de la santa se colgaba el pendón de Santa Eulalia en la ventana central de la fachada del Ajuntament, el que hoy se abre al carrer Ciutat.

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El Ajuntament acoge varias representaciones de nuestra patrona, a un lado de la fachada d ela que se colgaba el pendón hay una escultura y también aparece (junto a sus colegas Santa Madrona y Santa Maria de Cervelló) en un vitral y en el Saló de Plens una bella imagen de Josep Viladomat inspira a los concejales.

PATRONA DE OFICIOS

Además de ser patrona de la ciudad de Barcelona, santa Eulalia es la patrona de picapedreros y  maestros de obras,  de los boteros, las lavanderas y las amas de casa.

LAS LÁGRIMAS DE SANTA EULALIA

Es un hecho que cada 24 de setiembre, cuando celebramos las fiestas de la Mercè, cae agua sobre la ciudad, es una fina lluvia que los más viejos denominan las lágrimas de santa Eulalia y es que dicen que la patrona, al ver como festejamos nuestro amor por su rival llora y son sus lágrimas las que mojan nuestras calles.

UNA GIGANTONA

Santa Eulalia también está presenta en los días festivos de la ciudad y es que entre nuestros gigantes contamos con la simpática Laia, una gigantona construida en 1998 y que representa a la patrona y que está dispuesta a bailar por las calles de la ciudad junto con sus gigantescos compañeros.

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Categoría: Historia | 2 febrero, 2016
Redacción: Edu García
Tags:  barcelona, febrero, patrona, santa eulalia,

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