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Ciutat Vella: de vieja colonia romana a epicentro turístico

Un recorrido histórico por el distrito que estuvo bajo el poder de los romanos, los visigodos, de dos dinastías y hoy, en manos de los turistas

Categoría: Historia | 11 enero, 2017
Redacción: Edu García

El districte de Ciutat Vella es la Barcelona histórica, el corazón de la ciudad, con calles estrechas y edificios históricos. Es el barrio de los centros de poder, de los vecinos que desaparecen y de los turistas que se multiplican. Lo conforman cuatro barrios: el Barri Gòtic, el barrio de Sant Pere, Santa Caterina y la Ribera, el barrio del Raval y el barrio de la Barceloneta.

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El districte de Ciutat Vella es el más antiguo de la ciudad y durante siglos estuvo cerrado por unas viejas murallas que aún hoy se aprecian al mirar el plano de la ciudad. L’avinguda del Paral·lel, les Rondes de Sant Pau y de sant Antoni,  el carrer Pelai y Fontanella, la ronda de sant Pere, el Passeig Lluís Companys y la Ciutadella siguen el trazado de las viejas murallas y son la frontera del distrito con sus distritos vecinos

1 Ciutat Vella: de vieja colonia romana a epicentro turístico

PRIMERO FUERON LOS ROMANOS

La historia de la ciudad arranca con la presencia romana. Los romanos, deseando controlar el comercio que desde hace tiempo se realiza en la zona, hacia el 13 aC deciden fundar una colonia en la costa barcelonesa, entre la Serra de Collcerola y el mar. Eligen una pequeña elevación natural el Mons Taber y nace así una ciudad dos veces milenaria: la colonia Iulia Augusta Faventia Paterna Barcino.

Aún conservamos vestigios de estos primeros tiempos: un buen número de las calles del distrito siguen el trazado de las calles romanas y de la vía por la que se accedía, aún se aprecian las murallas romanas a lo largo de las calles adyacentes a Via Laietana,desde l’Avinguda de la Catedral hasta la Plaça dels Traginers, igualmente conservamos restos arqueológicos visitables en el MUHBA, nos sorprenden los restos de una vía sepulcral romana en la plaça de la Vila de Madrid y del templo de Augusto en el interior del CEC, en el carrer Paradís. La ciudad romana vibra aún en las entrañas de la ciudad antigua.

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Las cuatro columnas de viejo templo de Augusto

DOS MURALLAS MEDIEVALES

Esta pequeña ciudad de origen romano acogió tras la caída del imperio romano a los visigodos. En las calles de la vieja Barcelona se debió ver a la triste Gala Placídia, viuda de su esposo el rey visigodo Ataulfo, y vio también como los primeros condes instalaban su residencia en el mismo lugar donde los harían sus sucesores coronados reyes de Aragón. Sin duda la muralla romana, que se fortaleció con torres entre los siglos III y IV, debió hacer ser decisiva para convertir la vieja colonia romana en ciudad condal. La vieja Barcelona vivió un primer momento complicado con la invasión el 985 del terrible Almanzor. Se dijo que ese año Barcelona murió para renacer, como  haría otras veces, como el ave fénix.

El tiempo pasó y la ciudad creció. Alrededor de la vieja ciudad amuralladafueron apareciendo , a partir del año mil, diversos núcleos de población, conocidas como viles noves. Éstas fueron la vilanova del Mercadal,alredor de la actual plaça del Àngel, delante de una de las puertas de la ciudad romana; la vilanova del Mar, alrededor del actual templo de santa Maria del Mar, entonces santa María de les Arenes; la vilanova de Sant Pere i el Rec a lo largo del camino por el que se accedía a la ciudad; la vilanova dels Arcs, alrededor del antiguo acueducto romano; la llamada villa sepulcri, alrededor de la actual parroquia de Santa Anna, residencia de la orden de santo sepulcro; la vilanova del Pi, alrededor de la parroquia del mismo nombre y la vilanova de les Roquetes, sobre los acantilados que existían a los pies de la ciudad romana.

Con más gente viviendo fuera que dentro de las viejas murallas romanas, en el siglo XIII se tomó la decisión de amurallar de nuevo la ciudad para que se integraron en ella estas nuevas vilanovas. Esta primera muralla medieval tuvo un límite en la riera que conducía las aguas de la lluvia hasta el mar. Hoy la riera se conoce por su nombre árabe de Rambla que más tarde, avanzado el siglo XVIII, se convertiría en el paseo actual.

Pero la vieja Barcelona no terminó en la Rambla, en el siglo XIV una nueva muralla la sobrepasó. Se suele argumentar que la nueva muralla y la aparición del nuevo barrio del Raval (expresión también árabe sinónimo de suburbio) fue causa del conflicto bélico que entonces se vivía entre los antiguos reinos de Aragón y Castilla con dos reyes que compartían además de su nombre, Pedro, un talante nada pacífico. Los barceloneses temerosos de un asedio por parte de los castellanos y ante la falta de espacio donde cultivar reservas alimenticias emprendieron la ampliación de la ciudad por poniente. El nuevo espacio añadido al antiguo, a la Barcelona más noble, tuvo un carácter residual y acogió aquellas actividades que o bien molestaban y no tenían cabida al otro lado de las Rambla. Así el Raval fue además del barrio de las huertas, el de los conventos, el del hospital unificado, el de las carnicerías… El Raval sería, como titulaba la monografía que dedicó la asociación de vecinos en 1980, un barrio al servicio de la ciudad.

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El perímetro de las res murallas

LA MURALLA DE MAR Y LA CONSTRUCCIÓN DE LA CIUDADELA

Barcelona mantendría su recinto a lo largo de los años. La única novedad fue la muralla de mar que se empezó a construir a finales del siglo XV y que a diferencia de las anteriores no significó un crecimiento de la ciudad sino una mayor seguridad ante el peligro de las tempestades. Este espacio ciudadano desapareció en los tiempos de la Exposición Universal de 1888 y se hasta entonces fue el principal paseo ciudadano tanto en verano como en invierno.

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Un viejo grabado con la muralla de mar por la que deambulan ociosos algunos barceloneses.

En cambio, el paso del tiempo trajo una disminución del espacio ciudadano y todo a causa de la maldita Guerra de Sucesión. El cambio de dinastía gobernante, de los austriacos a los borbones, no sólo fue un simple cambio de rey sino que motivó una guerra mundial que tendría consecuencias pésimas en política (con el Decreto de Nueva Planta) y en el urbanismo de la ciudad. La oposición del antiguo reino de Aragón al rey Felipe V, provocó sus iras y una cruel venganza sobre el territorio. Barcelona perdió una parte de su espacio físico al  levantarse una Ciudadela militar sobre una parte de su territorio. La nueva fortaleza en lugar de proteger la ciudad vigilaba a los que habían plantado cara al ganador de la guerra. La Ciudadela siempre fue odiada por los ciudadanos que vieron con gran alegría su derribo y transformación en parque a partir de 1868.

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Una antigua maqueta de la ciudadela militar alrededor de la plaza se pueden identificar a la derecha la sede del actual Parlament de Catalunya y a la izquierda la capilla castrense y la sede del actual Institut Verdaguer.

CRECIMIENTO EN ALTURA

Una vez más la situación bélica fue una dura prueba para la ciudad que una vez más renacería tras momentos difíciles. Después del conflicto bélico Barcelona ganó población principalmente como consecuencia de la inmigración del campo a la ciudad. Los que habían perdido su vivienda con la Ciudadela y los nuevos llegados a la ciudad fueron ocupando el espacio libre en la ciudad. Se produjo con el paso del tiempo un fenómeno de amontonamiento de gentes. Sobre una sencilla casa menestral de planta baja con obrador y piso y buhardilla se levantaron nuevos pisos naciendo la casa de vecinos. También se ocuparon los patios traseros donde los barceloneses tenían huertas. Barcelona vio como las calles se estrechaban al crecer los edificios en altura. Para conseguir más espacio se construyeron arcos sobre las calles encima de los cuales se edificarían pisos. Las calles estrechas empezaron a estar mal ventiladas y los habitantes enfermaban. La situación era insostenible.

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Vista del carrer Caputxes cerca de Santa María del Mar con arcos sobre las calles y casa retranqueadas un buen testimonio del aprovechamiento del espacio en la vieja Barcelona.

LA BARCELONETA

En medio de este proceso hay que destacar la construcción de la Barceloneta un barrio modélico que empezó a construir en 1753 por iniciativa de los ingenieros militares. Fue el primer ensanche de la ciudad construido sobre un terreno ganado al mar. Era un ejemplo del modelo del urbanismo barroco, marcado por el orden, el nuevo barrio se organizó sobre una planta regular de calles paralelas y transversales a la línea de costa. Las viviendas, para una sola familia, eran de dos plantas. Las necesidades de espacio dividieron el espacio y donde antes vivía una familia primero vivieron dos, una por piso, y después cuatro, dos por piso. Era el cuarto de casa. Después de  de dividir las casas también crecieron en altura, a lo largo del siglo XIX se produjo en la Barceloneta el mismo fenómeno de amontonamiento  que se vivía en el resto de la ciudad. De la Barceloneta original quedó la trama y algún edificio original en medio de edificios cada vez más altos.

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Entre la playa y el puerto se extendió el primer ensanche de la ciudad, de calles que se cruzan en ángulo recto, el barrio conserva sui personalidad y sigue oliendo a mar.

GANANDO ESPACIO: EL EJE FERNANDO-PRINCESA, LAS DESAMORTIZACIONES Y LA VIA LAIETANA

La Barcelona cada vez más poblada era un espacio en el que se hacía difícil vivir. Mal aireada y con poca luz era un espacio asfixiante del que se huía siempre que era posible. La gente adinerada tenía segundas residencias en las poblaciones vecinas y la gente humilde huía a la montaña de Montjuíc en procesión los días festivos. Por ese motivo una de las preocupaciones de las autoridades fue paliar en la medida de lo posible las carencias de aire en la vieja ciudad. El primer plan serio tuvo lugar entre 1820 y 1855 cuando una calle amplia atravesó desde la Rambla a la ciudadela militar. Una larga calle que se recibió tres nombres distintos, el primero, Fernando VII, después corregida y hoy Ferran, su continuación, Jaume I y finalmente Princesa.

Un segundo periodo de esponjamiento se produjo a raíz de la ley de desamortización de Mendizábal de 1835 por el cual pasaban a manos públicas bienes eclesiásticos. Barcelona ganó espacios públicos como la Plaça Reial, antiguo convento de los capuchinos, o la Plaça del Treball, hoy mercado de la Boqueria, antiguo convento de sant Josep de los carmelitas, o se construía sobre el convento de los dominicos el Mercat de Santa Caterina y se urbanizaron, entre otros, los terrenos donde se encontraban el convento de los franciscanos en la parte baja de la rambla o de los agustinos en el Raval. Ciutat Vella ganaba espacio aunque no siempre fue espacio público…

Una última intervención en el interior del recinto de Ciutat Vella se produce cuando ya Barcelona había derribado sus murallas y fue la apertura de la Via Laietana. Entre 1908 y 1913 se derribaron 270 edificios y se desalojaron unas 10.000 personas para dejar 60 metros a lo largo de la ciudad para construir una vía central flanqueada de dos fachadas de edificios. La ciudad abría una vía que comunicaba, a través de la vieja Barcelona, el Eixample con el puerto.

La ciudad antigua se iba transformando.

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Una vieja vista, bajo el cielo tormentoso, de una Via Laietana con apenas tráfico.

DE VIEJA A TURISTICA

La última transformación del distrito de Ciutat Vella es su transformación en distrito turístico ya que allí encontramos buena parte de los atractivos de la ciudad. De entrada tenemos un paseo que nos permite captar la esencia de una ciudad mediterránea como la nuestra, el paseo nos lleva a lo largo de la Rambla, el puerto, con el Maremagnum, hasta la playa de la Barceloneta, un lugar imprescindible para degustar la oferta gastronómica de la ciudad y de retorno pasearnos por el primer jardín ciudadano el de la Ciutadella. Para los amantes de la historia, un recorrido por las grandes construcciones medievales desde la pequeña iglesia románica de Sant Pau del Camp, en el Raval, la arquitectura gótica en el corazón del barrio gótico, el Pi, la Catedral de la Santa Creu i Santa Eulàlia, Sant Just i Pastor, hasta la Ribera con Santa María del Mar y los palacios de la calle Montcada, para terminar de nuevo con el románico de Sant Pere de les Puel·les. Los amantes de la cultura que tienen un paseo que hacer desde la calle Montcada con el Museu Picasso, el Museu de les Cultures y el Museu Europeu d’art Modern, continuar por el Barri Gótic para visitar el Museu Marès o el Museu de les Idees, para terminar en el multicultural del Raval con el Museu Marítim, instalado en las viejas Drassanes, que conservan parte de las viejas  murallas del Raval, l’Escola Oficial d’idiomes, el Liceu, la Filmoteca de Catalunya, la Biblioteca de Catalunya, en el recinto del antiguo Hospital de la Santa Creu, hasta el MACBA y el CCCB. Si esto fuera poco también podemos ir de tiendas por el eje comercial alrededor de la avinguda del Portal de l’Àngel y Barnacentre, aunque sin duda lo excepcional son los comercios emblemáticos y bares modernistas. Si de comer se trata nada mejor que los alrededores de los mercados, y en Ciutat Vella tenemos tres, el de la Barceloneta, el de Santa Caterina, sobre las ruinas de un viejo convento dominico, y el de la Boqueria. No se agotan las opciones en Ciutat Vella para dejarse llevar por las calles como hacen cada día los turistas que nos visitan desde cualquier lugar del planeta y también los vecinos que, por un momento, quieran convertirse en visitantes en la propia ciudad.

Categoría: Historia | 11 enero, 2017
Redacción: Edu García
Tags:  barcelona, Barceloneta, Barrio Gótico, barrios, Ciutat Vella, Raval, Ribera, Sant Pere, Santa Caterina,

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