R t V f F I
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Los cines de los años treinta en Paseo de Gracia

En la década de los 30 la ciudad vería aparecer una cantidad importante de cines y Paseo de Gracia, con tres nuevas salas de cine, no fue ajeno al fenómeno.

Categoría: Historia | 9 enero, 2015
Redacción: Edu García

En nuestro paseo por los cines de Passeig de Gràcia nos trasladamos a tres locales que abrieron puertas en los años de la Barcelona republicana. En la década de los 30 la ciudad vería aparecer una cantidad importante de cines y Passeig de Gràcia no fue ajeno al fenómeno. Entre 1931 y 1935 se sumaron tres pantallas a la oferta cinematográfica: el Fantasio, el Publi y el Savoy. Con la llegada del nuevo milenio cerrarían sus puertas y hoy ya son historia.

EL FANTASIO

cine fantasio paseo de gracia 1 Los cines de los años treinta en Paseo de Gracia

El primero de los tres cines fue el Fantasio, estaba situado en el número 69, por debajo de Mallorca, junto al también desaparecido Drugstore. Como “cine selecto” abrió sus puertas el 4 de abril de 1931 con un programa doble en el que se presentaba La melodía del mundo, de Walter Ruttman, y Así es la vida de José Bohr como director y actor principal. Según publicó la prensa El Fantasio era “cómodo y espacioso” y estaba “decorado con gusto”. Contaba con los más avanzados sistemas técnicos aunque si destacó por una cosa fue por su sistema y térmico: “el Fantasio es el local de Barcelona donde se siente menos el calor” ya que estaba “constantemente refrigerado” así pues “los barceloneses gozan hoy de algo que antaño hubiesen considerado imposible: la facilidad de poder asistir a los espectáculos cinematográficos sin sufrir las molestias del calor”, toda una novedad en aquellos días.

Por lo que a la programación se refiere, el Fantasio intentaba satisfacer a todos los públicos, combinaba los estrenos de películas sencillas, de tipo popular, con otras de un carácter más intelectual, para un público exquisito, denominadas entonces “sesiones de arte”.

El estallido de la guerra pilló a la sala de vacaciones y al abrir, regentado por la CNT, simultaneó sesiones musicales, con la orquesta Fantasio dirigida por el maestro Cabré, con documentales y estrenos de films soviéticos. Terminada la contienda siguió programando los grandes estrenos que permitían a los ciudadanos, como comentaba el sabio Romà Gubern, escapar por la pantalla de la difícil situación que se vivía en las calles; en el Fantasio se estrenaron filmes clásicos como Los cuatrocientos golpes de François Truffaut (16 de setiembre de 1960) o Psicosis de Alfred Hitchcock (21 de febrero de 1961). Después de ser gestionado por Luis Cabezas Puzo, quien lo inauguró, y, después de la guerra por Manuel García del Barrio, en los 70 entró en la órbita del grupo Balañá que tuvo en el Fantasio un local discreto y elegante. El selecto público del Fantasio se acomodó a los cambios de estilo de las películas que se proyectaban en una sala apenas cambió desde su nacimiento. Aunque 70 años después llegó su última proyección para convertirse en una de las tiendas Benetton. Hoy queda en la memoria de muchos cinéfilos.

 

EL PUBLI

cine publi paseo de gracia 2 Los cines de los años treinta en Paseo de Gracia

Un año después del Fantasio, el 13 de abril de 1932, abría sus puertas en Passeig de Gràcia 55-57, por debajo de Valencia, otro de los cines clásicos de Passeig de Gràcia: el Publi. Fue creado por tres emprendedores, Llorenç Fargas Juny, Casimir Barnils Moner y Alfons Moncanut Geli, que la navidad de 1931 habían decidido instalar un gran pesebre en el local de Passeig de Gràcia y que les llevó meses después a apostar por el negocio cinematográfico.

La sala fue construida por Josep Maria Sagnier, hijo del prolífico arquitecto de la burguesía barcelonesa Enric Sagnier, y decorada por Santiago Marco, entonces presidente del FAD.

El Publi apareció en el panorama cinematográfico barcelonés con una especialización: fue el primer local especializado en la proyección de noticiarios y documentales, el segundo en Europa después del Cineac parisino. Por la gran pantalla, como si de una primitiva televisión se tratara, se podían ver de aquello de lo que hablaba la prensa, con lo que cada vez estaba más claro que una imagen vale más que mil palabras. Además de las novedades, se conocía el mundo desde las butacas mediante los documentales que llevaban al público a la India, a Tierra Santa, al Vaticano o al Berlín olímpico. Al respecto es elocuente como se tituló la sesión inaugural: «La vida del mundo a través de la pantalla y del micrófono». Los noticiarios y los documentales (los Fox Movietone, las Alfombras Mágicas, los Paramount News, los Eclair Journal, los Ufa, los Luce y los reportajes del pionero Daniel Aragonés) se simultaneaban con cortometrajes cómicos y dibujos animados, con lo que los espectadores, padre e hijos, estaban informados y divertidos. A lo largo de los años, fueron varias las generaciones que se fueron turnando en las butacas del local, apasionándose por el cine.

El Publi también fue innovador por lo que se refiere a las sesiones matinales, se introdujeron el año de su inauguración y se mantuvieron hasta 1987.

Para promover las sesiones se puso en práctica una curiosa campaña consistente en regalar tres viajes a los que, una vez repasados los anuncios que se distribuían en las vitrinas que se situaban a lo largo del vestíbulo, averiguaran donde había un error evidente. Con reste jeugo de los escaparates quedaba garantizada que la publicidad llegaba perfectamente al público y además los costes del regalo se repartían entre las firmas que se anunciaban.

Hasta julio del 1936 también publicó una revista, Publi Cinema, que era bilingüe y que daba noticia de la programación, los acontecimientos más destacados del momento además de secciones de moda y belleza, sociedad y una especial dedicada al vecino Salón Rosa.

Este cine pionero en tantas cosas desaparecía en 1974, cuando se el viejo edificio deja paso a uno nuevo, obra de Josep Maria Fargas Falp (autor de la sede de Banca Catalana en la Diagonal), en el que se abre el nuevo Publi que comparte la planta baja con el Boulevard Rosa y que, a su vez, pasa a tener dos salas inauguradas en abril de 1976. Se mantuvo casi una década, como muchos de sus vecinos, el Publi no pudo mantenerse con vida y, por falta de viabilidad, cerraba sus puertas el 31 de julio del 2005, dejando al Passeig de Gràcia prácticamente huérfano de cines. Pocos meses más tarde su lugar fue ocupado por una macrotienda de Nespresso.

 

EL SAVOY

cine savoy paseo de gracia 3 Los cines de los años treinta en Paseo de Gracia

El último cine al que hoy viajamos, el Savoy, estaba en la acera opuesta a los anteriores, en el lado Besós del Passeig, por encima de Mallorca, en el número 86. Abrió tres años después del Publi, el 28 de setiembre de 1935.

El empresario del local fue el fotógrafo Josep Massana y contó con el proyecto del dibujante y decorador Joan Vila Rufas, conocido como d’Ivory (padre del también dibujante Cesc).

Fue un cine acogedor y contaba con los más modernos proyectores y equipos de sonido.

Fue la competencia natural del Publi ya que se especializó en noticiarios y documentales, siguiendo su lema “Las últimas noticias del mundo” contrató los servicios de los noticiarios Fox-Movietone, France Actualité, Luce e Interfilm. Cuidó la programación y consiguió un público fiel y exigente.

Del local destacaba el vestíbulo en el que había una colección de relojes que marcaba la hora de diversas ciudades del mundo. Además contaba con una fantástica cafetería y en sus paredes exponían pinturas de artistas que se abrían paso en el mundo del arte y aún no tenían aún galería donde exponer. Un lugar agradable del que la familia Massana se sentía orgullosa. Y es que el Savoy fue siempre una empresa familiar.

Con la guerra se proyectaron en sus pantallas los noticiarios revolucionarios y al reabrir después de la guerra se vio obligado a cambiar de nombre y es que Savoy sonaba a extranjero en una España nueva que pretendía reespañolizar a toda costa cualquier negocio. Por este motivo, el Gobierno Civil ordenó que pasase a llamarse Saboya, aunque fue sólo durante apenas 14 meses.

A mediados de los 60, como otros muchos cines, el Savoy se dedicó a ofrecer cine de arte y ensayo, películas que no sólo pretendían entretener al público sino ofrecer una visión distinta, una mirada de autor que llevaría al espectador a pensar sobre los diversos aspectos que el argumento de la película presentaba. Una aventura intelectual que duró poco ya que la sala continuó por una vía más comercial.

No pudo resistir la proliferación de la multisalas y del video. Languideciendo cerró sus puertas enl 28 de junio del 2001 con una sesión que costó dos pesetas como el día que abrió. Se proyectó Sunrise de Murnau precedida de un NO-DO. Por el mismo precio se pudo escuchar a Romà Gubern hablando sobre el local en la vida barcelonesa. Al cerrar Bigas Luna se llevó parte del neón que presidía el edificio. Hoy está la tienda especializada en bolsos Longchamp.

Para terminar esta evocación nada mejor que las palabras que el maestro Lluís Permanyer escribió en la Vanguardia el día que el cine cerraba sus puertas: “el Savoy me evoca dulces recuerdos. No podía ser menos: allí sentado consumí casi todas las tardes de los jueves escolares, pues el librar me permitía asistir a aquellas sesiones aptísimas confeccionadas a base de todos los noticiarios, compensados por la comicidad contagiosa de los irresistibles Charlot, el Gordo y el Flaco, Jaimito, Keaton & compañía … Años más tarde seguí rindiéndole visita, ya fuera para hacer novillos o aprovechar una obscuridad que favorecía los primeros besos furtivos… nunca olvidé que en el Savoy aprendí a amar el cine.”

Categoría: Historia | 9 enero, 2015
Redacción: Edu García
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