R t V f F I

Arte público en la Barcelona Franquista

El régimen recuperó los monumentos destruidos durante la guerra, se deshizo de los recordaran el periodo anterior y creó nuevos que durarían la democracia

Categoría: Historia | 11 noviembre, 2016
Redacción: Edu García

Un aspecto interesante de la historia es el que tiene ver con los cambios políticos y sus símbolos. Cada nuevo gobierno desarrolla una determinada política y promueve determinados símbolos. A cada gobierno se le relaciona con unos monumentos. Uno de los periodos donde esto se ve con más claridad es el cambio que supuso la guerra civil cuando el gobierno republicano, constituido el 14 de abril de 1936 tras la rotunda victoria en las elecciones municipales dos días antes, fue sustituido por la dictadura franquista, mediante la fuerza de las armas, tras de tres años de sangre, el 1 de abril de 1939. El nuevo régimen franquista pasó cuentas con los vencidos mediante la ley de Responsabilidades Políticas y por lo que a los monumentos se refiere se preocupó de recuperar los que habían sido destruidos durante la guerra, de hacer desaparecer los monumentos que recordaran el periodo anterior y de crear los nuevos y que durarían hasta que la democracia los hizo borrar. Tres son los grupos de monumentos que el franquismo tocó.

MONUMENTOS DESTRUIDOS Y RECONSTRUIDOS

En Barcelona, la guerra estalló el 19 de julio de 1936 y tras una tensa jornada la situación fue controlada por las fuerzas de la Generalitat y los sindicatos, la euforia revolucionaria llevó a muchos desmanes que las autoridades apenas podían controlar. Empezó un periodo de terror que tuvo su manifestación menos dramática en la destrucción de algunos monumentos que por su significación eran contrarios al orden revolucionario. Estas víctimas monumentales de la guerra fueron reconstruidas, casi en su totalidad, a lo largo de la década de los 40, por el prolífico escultor Frederic Marès. Un primer grupo de estos monumentos que los revolucionarios destruyeron representaban a los prohombres de la más alta burguesía decimonónica.

1 Arte público en la Barcelona Franquista

La estatua de ANTONIO LÓPEZ Y LÓPEZ, marqués de Comillas, se levantada en 1884 en medio del Passeig Isabel II, junto al puerto donde el homenajeado tenía sus negocios navieros. Fue derribada en los primeros días de 1936 debido al odio popular que Antonio López despertaba entre los barceloneses a causa de su dedicación al tráfico de esclavos en Cuba y que motivó  que el monumento fuera conocido popularmente como el negro Domingo. Se eliminó la estatua del marqués que coronaba el conjunto y se mantuvieron los cuatro relieves que simbolizan las actividades del marqués. Su imagen sería repuesta por Marès en 1944, el bronce original (supongo que fundido para construir armas) se cambia por la piedra y se traslada a la pequeña plaza que, dedicada a tan siniestro personaje, se abre en la parte baja de Via Laietana.

2 Arte público en la Barcelona Franquista

La estatua de JOAN GÜELL I FERRER, industrial textil y pionero de la organización patronal, se levantaba desde 1888 en la confluencia de Rambla Catalunya con Gran Via. Fue atacada y en la base apareció pintada una dedicatoria a “les victimes del 19 de julio”. Como con la escultura de su consuegro (el hijo de los Güell, Eusebio, se casó con Isabel, la hija de los López) sólo se destruyó la imagen del homenajeado. Con la restauración de Frederic Marès, inaugurada en 1945, se colocó a un lado del cruce y, con una nueva base fueron eliminadas las alegorías del Comercio, la Industria, la Navegación y las Artes de su base.

3 Arte público en la Barcelona Franquista

La tercera estatua que los revolucionarios derribaron fue la que se levantaba desde 1887 en la Ciutadella en honor al General JUAN PRIM, figura política fundamental para la recuperación de la fortaleza para la ciudad y su conversión en parque. Fueron las Juventudes Libertarias de Gracia que se vengaron del bombardeo que el general había llevado a cabo a la antigua Vila y por ese motivo dejaron su firma en la base del monumento. Frederic Marès, una vez más fue el encargado de reconstruir la imagen que se inauguró en 1948. Un segundo grupo de esculturas destruidas durante la guerra y recompuestas son las religiosas.

4 Arte público en la Barcelona Franquista

El de SANTA EULALIA, patrona de la ciudad, es el monumento más antiguo de la ciudad. Está en la plaça del Pedró, en el Raval, donde según la tradición sufrió su martirio en la cruz. Originalmente era de madera, se construyó en 1673 y que se alzaba sobre una columna. El mal estado de conservación en que se encontraba en 1687 llevó a sustituirla por otra imagen de piedra, construida por Llatzer Tramulles y Luis Bonifaç el Vell y erigida sobre un obelisco. Más tarde se situó al fondo de la plaza y en 1826 se transformó en fuente. La guerra daño el monumento, una bomba la derribó y tuvo que esperarse a que Marès volviera aponer a la patrona en lo alto del monumento en 1951, cuando se preparaban los actos del Congreso Eucarístico.

5 Arte público en la Barcelona Franquista

Sin duda la más desconocida de las estatuas destruidas durante la guerra y reconstruidas por Frederic Marès fue la dedicada al CANONGE RODÓ, rector de Sant Martí, que Marès realizó en 1919 para la plaza que el religioso tiene dedicada en el Clot. Fue destruido durante la guerra y el mismo Marès se encargó de realizar una segunda versión más sencilla en 1954.

6 Arte público en la Barcelona Franquista

La imagen de LA MERCÈ realizada por el escultor Maximí Sala en 1888 que coronaba la basílica del mismo nombre también fue derribada durante la guerra para usar su bronce para la construcción de armamento. Fue restaurada en 1959 por los hermanos Llucià i Miquel Oslè que usaron para ella el bronce de una serie de estatuas que desde 1888 embellecían el actual Passeig Lluis Companys, entonces paseo de San Juan.

7 Arte público en la Barcelona Franquista

El SAGRADO CORAZÓN que, con los brazos abiertos ampara la ciudad, había sido realizado en 1935 por Frederic Marès para coronar el Templo Expiatorio del Tibidabo pero no llegó a ser instalado ya que fue fundido para convertirse en material de guerra. Después de la guerra los salesianos quisieron que volviera a coronar lo alto del templo y en 1961, sin la intervención directa del escultor, fue Josep Miret el encargado de su reconstrucción.

LAS ESCULTURAS DEPURADAS

El nuevo régimen franquista quiso depurar algunas imágenes opuestas a sus ideales. Las primeras en desaparecer fueron un pequeño grupo de monumentos de marcado carácter antifranquista una de ellas, era un homenaje A LOS CAIDOS POR CATALUÑA Y LA LIBERTAD EL 6 DE ’OCTUBRE, inaugurado el 6 d’octubre del 1936, dos años después de los acontecimientos, delante de les Drassanes y del que parece ser no se conserva ninguna imagen.

8 Arte público en la Barcelona Franquista

Poco después, el 14 de marzo de 1937, se levantó en Plaça Catalunya una enorme estatua de 12 metros dedicado al SOLDADO DESCONOCIDO, obra de Miquel Paredes, un dibujante que había creado la mascota de la revolución, El més petit de tots (El más pequeño), un niño vestido como un obrero y que con paso firme llevaba una bandera en la mano derecha y el puño de la izquierda en alto. El monumento de plaça Catalunya fue levantado en yeso y estaba pintado de color ocre. Las tropas franquistas, al llegar a plaça Catalunya el 26 de enro de 1939 hicieron trizas la figura.

Un segundo grupo de esculturas eliminadas por el régimen franquista fue el de las de figuras destacadas del catalanismo. La decisión, tomada el 12 de abril de 1939, suponía la eliminación de cinco monumentos de las calles de la ciudad, parece ser que el celo de algún funcionario permitió su traslado a los almacenes municipales de donde saldría al llegar la democracia.

9 Arte público en la Barcelona Franquista

El monumento dedicado al abogado sindicalista FRANCESC LAYRET, asesinado por los pistoleros del Sindicato Libre, fue construido por Frederic Marès en la pequeña plaza que se abría en la Ronda entre las calles Sepúlveda y Muntaner, recién bautizada entonces como plaça Goya. Aunque se había empezado en 1934, los Hechos de Octubre y el posterior Bienio Negro paralizaron las obras que no se reprendieron hasta 1936 con el triunfo del Frente Popular. Es un monumento cargado de símbolos (el espíritu de la lucha, el trabajo del campo y la ciudad y la defensa de los desprotegidos). Fue retirado en 1939 y sorprende como la prensa de la época, en el momento de su demolición, se alegraba del “derribo del monumento que los políticos republicanos y masones erigieron en la plaza de Sepúlveda a Francisco Layret, defensor del atentado personal, por el que había de perecer” y lo más sorprendente y que deja en evidencia la falta de criterio artístico del nuevo régimen ya que apunta “la carencia de sentido artístico de los rojo-separatistas (…) motivo de vergüenza para los buenos barceloneses” de su denostado autor, Frederic Marès, quien sería el máximo representante de las nuevas autoridades. Fue el primero en ser reconstruido e inaugurado en mayo de 1977.

10 Arte público en la Barcelona Franquista

El monumento a RAFAEL CASANOVA, de Rossend Nobas, fue construido en 1888 y trasladado desde el Arc de Triomf en 1914, año de bicentenario del 11 de setiembre, a la confluencia de la Ronda de Sant Pere con Ali Bey, donde según la tradición fue herido el conseller en cap. Símbolo de las reivindicaciones catalanistas fue retirado y su reposición en 1977 coincidió con la primera manifestación del 11 de setembre en democracia.

11 Arte público en la Barcelona Franquista

La estatua de PAU CLARIS sustituyó el Saló de Sant Joan a la de Casanova cuando ésta fue trasladada a la Ronda de Sant Pere. Es una obra llena dramatismo, su autor, Rafael Atché, escogió representar al president de la Generalitat durante la Guerra dels Segadors (1640) en el momento en que arenga a las tropas, levanta el brazo derecho en una postura muy característica. Inaugurada en 1917 fue retirada junto a las otras esculturas en 1939 y recuperada en 1977, al llegar la democracia.

12 Arte público en la Barcelona Franquista

El monumento al que fue tan sólo durante seis meses alcalde de Barcelona, el DOCTOR ROBERT, se levantó en 1910 en la plaça Universitat ya que se consideraba que como hombre de ciencia era el lugar más idóneo para homenajearlo. Aunque la idea original se debe al arquitecto Domènech i Montaner es obra del escultor Josep Llimona y pronto se convirtió en uno de los más admirados de la ciudad tanto por su significación histórica como por su calidad artística. Fue especialmente su valor simbólico para el catalanismo lo que llevó al franquista a derribarlo para pasar a los almacenes del Ayuntamiento junto con el resto de esculturas depuradas. Con la llegada de la democracia se tomó la decisión de reponerlo pero ya no en su lugar original y se optó por la Plaça Tetuán donde fue inaugurado en mayo de 1985.

13 Arte público en la Barcelona Franquista

El monumento a LA REPÚBLICA, en honor a Pi i Margall, quien fue su presidente , se levantó en el 5 d’Oros, donde la Diagonal y Passeig de Gràcia se cruzan. Tardó en erigirse, quedó reducido a un obelisco sobre el que destacaba una estilizada figura desnuda, alegoría de la república, realizada por Josep Viladomat. Inaugurado en 1934 el régimen franquista sustituyó la estatua de Viladomat, que fue guardada, por otra de Frederic Marès que a diferencia de la primera estaba vestida con una túnica y fue colocada sobre la base del monumento. En 1940 el monumento a la Victoria se inauguraba con un águila imperial, de claras connotaciones fascistas, en lo alto y que sería eliminada cuando los aliados ganaron la guerra mundial. La República de Viladomat fue repuesta en 1990 en la plaça Llucmajor (hoy de la República) mientras que la Victoria de Marès se mantuvo hasta el 2011 cuando fue retirada.

NUEVOS MONUMENTOS PARA NUEVOS TIEMPOS

Recién terminada la guerra, el nuevo régimen franquista improvisó una serie de monumentos, de carácter efímero, destinados al recuerdo de sus acólitos y que se concebían como monumentos a los caídos. Con el tiempo fueron siendo cada vez de mayor entidad y se dedicaban a las principales figuras que habían dado su apoyo al régimen.

14 Arte público en la Barcelona Franquista

El primer homenaje A LOS CAÍDOS fue en el Fossar de Santa Elena, en el Castell de Montjuïc, donde cada año se ha realizado una misa en recuerdo a los militares fusilados durante los primeros años de la contienda civil. Allí se levantó un monumento provisional en abril del 39 y un año después sería completado. El monumento consta de una parte arquitectónica y otra escultórica. En el monumento de la inauguración se leía la dedicatoria característica: “A los Caídos por Dios y por España. ¡Presentes!” que sería cambiada en 1986 por otra más genérica que recordase también a los muertos que la primera inscripción olvidaba.

15 Arte público en la Barcelona Franquista

Una estela en honor A LA LEGIÓN CÓNDOR se instaló en noviembre de 1941 en la Diagonal, en las inmediaciones de la actual Corte Inglés. Era un monumento en recuerdo al apoyo nazi durante la guerra, en concreto un homenaje a los pilotos alemanes que sufrieron un accidente de avión en febrero del 39 cuando retornaban a Alemania. En 1946 sufrió un atentado y, con la llegada de la democracia, terminó siendo retirado, el Ayuntamiento de Gernika había presentado una queja como víctima de los bombardeos de la aviación nazi.

16 Arte público en la Barcelona Franquista

El OBISPO IRURITA, uno de los religiosos desaparecidos en los primeros momentos de la confrontación y considerado muerto a manos de los anarquistas incontrolados (la polémica surgió cuando se declaró que había sido visto con vida después de que se le diera por muerto) fue honrado, en 1943, con una escultura situada en una hornacina exterior del Palacio  Episcopal. Es obra de Vicenç Navarro que recurrió a la manera convencional de representar a un eclesiástico que aparece con el hábito y una capa que sostiene con la mano izquierda mientras alza la derecha en actitud de bendecir. Es la única de las esculturas dedicadas a personalidades vinculadas al franquismo presentes actualmente en las calle de la ciudad.

17 Arte público en la Barcelona Franquista

El monumento A LOS CAIDOS, en la Diagonal, fue el mayor y de más calidad artística de los levantados en la ciudad durante el franquismo. Fue construido en 1951 en la entonces Avenida del Generalisimo Franco, delante del Palau Reial. El espectacular monumento debía estar listo para las celebraciones del Congreso Eucarístico de 1952. Resulta curioso que Barcelona, entonces, fuera una de las pocas ciudades sin su monumento a los caídos. Así se encargó a los arquitectos Adolf Florensa y Joaquim Vilaseca que realizaran la parte arquitectónica, una gran columnata semicircular, que sirviera de marco al grupo escultórico de Josep Clarà. El monumento fue inaugurado un día antes del Congreso Eucarístico con la estatua de Clarà aún sin terminar por lo que, una vez pasadas las jornadas festivas, el escultor tuvo que dirigirse a pie de monumento, en pleno invierno, para finalizarlo en 1953. Los expertos han apuntado que sorprende como el trabajo de Clarà no fue rechazado por el régimen por el hecho que las esculturas aparecían en la más absoluta desnudez. Sin duda la carga ideológica pesaba por encima de la estética y el monumento fue aceptado. Con el escudo de la Falange al frente, fue durante años el punto de celebración por parte de la organización que, cada 29 de octubre, conmemoraba allí su fundación. Con la llegada de la democracia el monumento recibió diversos ataques. La estatua de Clarà fue abatida en 2001 y hoy se conserva en el MNAC. Finalmente la columnata sería retirada en 2005 y aunque había un proyecto de remodelación con un nuevo monumento la zona se ha ajardinado con parterres y árboles.

18 Arte público en la Barcelona Franquista

El monumento a los HEROES DE ESPINOSA DE LOS MONTEROS, un grupo de 35 combatientes catalanes de la Primera Centuria Catalana Virgen de Montserrat muertos en 1936 en este paraje burgalés, fue levantado en 1955 cerca de la Diagonal, en la actual Plaça Prat de la Riba, entonces Héroes de Espinosa de los Monteros, en la confluencia de la Gran Vía Carlos III, con Numancia y Avinguda de Sarrià. Fue obra de J. Puigdollers y representaba a un hombre desnudo, en posición de firme, que apoya su mano izquierda en una bandera. La imagen, de reducidas dimensiones, estaba acompañada de un rimbombante lema: “En los montes de Espinosa / hay una fuente que mana / sangre de los catalanes / que murieron por España”. La estatua fue retirada en 1979 y 20 años más tarde se levantó un monumento dedicado a Prat de la Riba, presidente de la Mancomunitat, obra de Andreu Alfaro.

19 Arte público en la Barcelona Franquista

El monolito en honor AL GENERAL MOSCARDÓ, héroe del Alcázar de Toledo y capitán general de Catalunya, fue instalado en 1955 en Montjuïc,  en un parterre junto al Palau dels Esports, entre las actuales carrer de Joaquim Blume y el de la Guardia Urbana. El lugar fue elegido ya  que siendo su protagonista delegado nacional de deportes se celebraron en Barcelona los Juegos Mediterráneos. El monolito era obra de José José Maria Navarro que situó en el frente un retrato del homenajeado dentro de la laureada de San Fernando, la máxima condecoración militar española. Discretamente se mantuvo, sin ninguna inscripción, hasta el 2004.

20 Arte público en la Barcelona Franquista

Sin duda la estrella de las estatuas del régimen fue la ESTATUA ECUESTRE DE FRANCO. La decisión de levantar un monumento en honor al dictador se tomó después de que éste cediera, en 1960, el castillo de Montjuïc a la ciudad.  Lo sorprendente del monumento es su autor. Tras unas primeras tentativas se optó por encargar la obra a Josep Viladomat, el mismo que en 1934 había realizado el monumento a la república retirada del 5 d’Oros. El escultor que vivía exiliado en Andorra, poseía un coche espectacular con el que se acercaba a menudo a la ciudad a asistir a las reuniones de la peña de la Puñalada. Un día al ver la matricula andorrana de su coche la policía lo retuvo y al cabo de unos días se le propuso olvidar el incidente y recuperar el vehículo a cambio de realizar la estatua de Franco. Accedió a la petición del alcalde Porcioles aunque no firmó su trabajo. En junio de 1963, coincidiendo con la inauguración del Museo Militar, la estatua era instalada en el castillo. Una estela blanca en recuerdo del acontecimiento se instaló en las inmediaciones. La estatua fue retirada del patio e instalada en las salas del Museo hasta que en 2001 se guardó en un almacén primero del museo y después del Ayuntamiento de donde salió, decapitada, para ser expuesta en el Borne donde las actuaciones de los ciudadanos aconsejaron trasladarla de nuevo a su escondrijo.

21 Arte público en la Barcelona Franquista

El monumento A JOSÉ ANTONIO, fundador de la Falange, es la última de las obras del franquismo que se erigieron en las calles de la ciudad. Se levantó en la confluencia de las avingudes Josep Tarradelles (entonces Infanta Carlota) y Sarrià. Tras ser aprobada su construcción en 1959, no fue inaugurado hasta el 29 de octubre de 1963, cuando se celebraban los 31 años de la creación del partido. Sus autores fueron el arquitecto Jordi Estrany y el escultor Jordi Puiggalí que optaron por un monumento de aire moderno consistente en un alto monolito negro flanqueado por un frontal con relieves alegóricos del trabajo y de la figura del homenajeado. En 1981 se eliminaron del monumento el yugo y las flechas y así como el retrato del Ausente, y definitivamente fue retirado de la via pública en el 2009.

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Categoría: Historia | 11 noviembre, 2016
Redacción: Edu García
Tags:  franquismo, història, monumentos,

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