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Apeadero en Passeig de Gràcia

Cuando en 1860 Cerdà dibujó su plan de Ensanche, la calle Aragón fue concebida como una de las vías trascendentales según lo cual, en teoría, como la Gran Via, la Diagonal, la Meridiana o el Paralelo, debía tener 50 metros de anchura. No era un capricho sino que correspondía a la lógica de Cerdà que […]

Categoría: Historia | 6 agosto, 2012
Redacción: Edu García

Cuando en 1860 Cerdà dibujó su plan de Ensanche, la calle Aragón fue concebida como una de las vías trascendentales según lo cual, en teoría, como la Gran Via, la Diagonal, la Meridiana o el Paralelo, debía tener 50 metros de anchura. No era un capricho sino que correspondía a la lógica de Cerdà que pensaba en esta calle con un valor estratégico: por ella habría de circular, en un futuro cercano, uno de los ferrocarriles que unirían la ciudad con las poblaciones vecinas. Pero los propietarios del terreno no pensaban como el ingeniero y creían que tal anchura era un malbaratamiento del espacio y consiguieron que su anchura se viera reducida a 35 metros, era 1873 y en el ferrocarril, de momento, nadie pensó. Una década más tarde, el ferrocarril acabaría circulando desde la Estación de Francia, uniendo, por Aragón, las líneas de Gerona y Tarragona. La llegada del tren y los cambios aplicados a la anchura de la vía provocaron una nueva polémica: los propietarios querían el tren soterrado, bajo un túnel, mientras que la compañía ferroviaria lo quería en superficie, con pasos a nivel a lo largo del trazado. Ninguna opción convencía y, finalmente, una comisión creada por el gobierno central, en la que estaba el ingeniero y futuro Nóbel de literatura José Echegaray, sugirió la decisión salomónica de hacer pasar el ferrocarril por una trinchera o rasa, semienterrado.

Para facilitar el uso del ferrocarril y evitar a los viajeros las molestias de tener que trasladarse obligatoriamente a la estación principal, la compañía férrea propuso al Ayuntamiento levantar un apeadero en la calle Aragón. Primero se pensó en situarlo entre las calles Villarroel y Borrell pero no convencía por ser poco céntrica. Así, finalmente, se tomó la decisión de situarla más céntrica imposible: a la altura de Paseo de Gracia.

El arquitecto Salvador Soteras y el ingeniero Rafael Coderch fueron los encargados de levantar el céntrico apeadero que se inauguraría a primeros de setiembre de 1902. Constaba de dos edificios distintos: el primero, situado en el lado Besós de Paseo de Gracia, y el segundo, idéntico, levantado en Pau Claris.El apeadero no debió gustar demasiado en su día, según apuntaba Lluís Permanyer en su Biografía del Passeig de Gracia, Isidoro Torres, autor de la guía Barcelona histórica, antigua y moderna, la calificó de  “chalet suizo”, Alberto Castillo dijo que era un románico modernizado o por Josep Pla que dijo que era  “el Partenón de la arquitectura mingitoriana”.

El edificio, que sorprendía por ser un gran volumen, se convirtió en el punto de recepción de todas aquellas personalidades que llegaban a la ciudad: cantantes, escritores, políticos o deportistas eran recibidos solemnemente a los pies del edificio. Uno de las primeras tuvo lugar en 1904 con la llegada del rey Alfonso XIII que loaría Barcelona comparándola con la capital: “Madrid es bello, pero Barcelona posee dos cosas que siempre envidiará noblemente la capital: el paseo de Gracia y el Tibidabo”. No es extraño que en este lugar se produjera el recibimiento de los jugadores del Barça que en 1909 llegaban desde la capital después de obtener su primer campeonato de España. En 1924, los actores de cine norteamericanos Mary Pickford y Douglas Fairbanks, también recibieron una recepción multitudinaria. En 1930 se produjo la llegada de los intelectuales castellanos Menéndez Pidal, el doctor Marañón, Pérez de Ayala, Bergamín, Giménez Caballero, Sánchez Albornoz, Pedro Salinas, Américo Castro, Araquistain, Benjamín Jarnés, Fernando de los Ríos, Ortega y Gasset… quienes, en plena dictadura de Primo de Rivera, habían manifestado su apoyo a la lengua catalana.

La cobertura definitiva de la rasa ferroviaria de la calle Aragón se produjo en 1960 y llevó al derribo del apeadero en octubre de ese año. El acceso a la estación sería desde entonces subterráneo, más discreto.

 

Fuente: Paseo por Barcelona

Categoría: Historia | 6 agosto, 2012
Redacción: Edu García
Tags:  Alfonso XIII, apeadero, Barça, Cerdà, ferrocarril, història, Jose Echegaray, paseo de gracia, passeig de gracia, pla Cerdà, Rafael Coderch, rey Alfonso XIII, Salvador Soteras,

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