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Un nombre: Clos Sainte-Sophie

Las primeras viñas plantadas en Japón en 1877 provienen de la Champagne, la región por excelencia del espumoso y un territorio lleno de lugares insólitos.

Categoría: Gastronomia | 24 octubre, 2014
Redacción: Isabel Chuecos-Ruiz

“El nombrador de champagnes” es la nueva sección de Paseodegracia.com escrita por la sommelier Isabel Chuecos-Ruiz, sommelier y editora del blog Champagne and Business. Antes de descubrir su primer artículo os recomendamos leer esta breve descripción que lo que encontraréis a partir de ahora en la revista:

Existen miles de marcas de champagne, pero cada una de sus botellas tiene un nombre. Y detrás de cada nombre hay una historia, un origen, una familia, una personalidad, un chef de cave, un coupage concreto, una manera de entender el lugar, unos valores, en definitiva un estilo. Al nombrar un champagne estamos hablando de un mismo territorio pero con distintos nombres, una identidad que me permite afirmar que “el champagne es un concepto”. Os propongo viajar con esta metáfora por la geografía champenoise intentando descubrir los nombres de un espumoso, que desde finales del siglo XVII está presente en las celebraciones más importantes.

 

UN NOMBRE: CLOS SAINTE-SOPHIE

Las primeras viñas plantadas en Japón en el XIX provienen de la Champagne.

La Champagne además de ser la región por excelencia del famoso espumoso, es también un territorio lleno de lugares insólitos como el Clos Sainte-Sophie. Un nombre que referencia el Clos de la Champagne más meridional situado en el departamento del Aube y más concretamente en el pueblo de Montgueux, a tan sólo 5 kilómetros de Troyes, antigua capital de la Champagne. Una interesante historia narra lo que sucedió en el siglo XIX cuando en 1876 dos jóvenes estudiantes japoneses llegaron a Francia enviados por el Ministerio Nipón de Agricultura para aprender la cultura de la viña y tomar muestras de vides de Chardonnay de origen francés. Parece que los jóvenes encontraron en la Exposición Universal de París a Charles Baltet (1830-1908) un pépiniériste (viverista) que accedió a enseñar durante dos años el arte de la vid y el vino a los dos japoneses, que volvieron a su país con un centenar de vides convirtiéndose en las primeras viñas de Chardonnay plantadas en Yamanashi en 1877 a los pies del Monte Fuji. Viñas que en la actualidad producen el 50% del vino japonés, un ejemplo está en Katsunuma donde se hace una cuvée llamada ‘Cru de Troyes’. En agradecimiento a su dedicación, Charles Baltet recibió del emperador japonés la Orden Sagrada del Tesoro de Japón, regalo al que él correspondió en 1894 creando un dibujo de la flor más amada del emperador, un crisantemo al que llama: ‘La favorita de Mikado’.

Clos Sainte-Sophie es una parcela de 1,2 hectáreas, rodeada por un seto y con árboles plantados hace 160 años. Un lugar que fue un semillero de experimentación para el vivero Baltet y su colega Marcel Dupont, profesor de agricultura en Troyes, quienes plantaron en lo alto de Montgueux especies exóticas, árboles frutales y, por supuesto, vides.

En 1913 la familia Valton, fundadora de la compañía Petit Bateau, compró el Clos Sainte-Sophie, en la actualidad propiedad de Etienne Valton, quien decidió en 2010 producir su propio espumoso. Para ello buscó al mejor productor de la zona y le propuso hacer un champagne diferente. Como no podía ser de otro modo pensó en alguien tan especial como el histórico lugar: Emmanuel Lassaigne quién rápidamente se unió al proyecto y se comprometió a trabajar con aquellas viñas viejas de Chardonnay de tan sólo 0,4 hectáreas, plantadas entre 1968 y 1975. Actualmente la cuvée ‘Clos Sainte-Sophie’ envejece en la cave de Lassaigne, una cuvée con uvas de un solo año y 100% de viñas del Clos, por tanto un Millésimé, vinificado en barricas de roble de diferentes procedencias: de Bourgogne, de Jura y de Cognac. Tan sólo 2900 botellas producidas que verán la luz entre  2015 y 2016.

Estas notas las tomé el pasado mes de septiembre cuando tuve la suerte de poder visitar el Clos acompañada por François Valton hijo del actual propietario quien me contó, mientras recorríamos el lugar, la bella historia de encuentros y significados misteriosos que convierten en mágico un espacio referencial de las viñas que viajaron a Japón hace 138 años.  Ahora, sobre la mesa de mi escritorio, regalo de Emmanuel Lassaigne, el dibujo de ‘La favorita de Mikado’ me acompaña día a día en mi viaje mental por la Champagne.

Categoría: Gastronomia | 24 octubre, 2014
Redacción: Isabel Chuecos-Ruiz
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