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Sonar, 25 años como referente transgeneracional de la cultura de club y las nuevas tecnologías

El festival cierra una edición muy emocionante en lo musical, pese a que la propuesta del +D todavía está lejos de ser un referente.

Categoría: Cultura | 3 julio, 2018
Redacción: Javier Pereda

Dispuesto como cada año a descubrir, explorar y disfrutar del Sónar, esta edición especial de 25 aniversario arrancaba con celebración, la exposición Ni Flyers ni Posters. Un repaso por las ideas y planteamientos que han convertido la campaña del sonar en todo un referente contemporáneo. Una puesta en escena modesta pero plagada de detalles, de la que me emocionó su obertura, esas fantásticas fotos de Leila Mendez de las familias de los fundadores realizada para la campaña del 97. Un homenaje que todo artista debería hacer al menos una vez en la vida a sus progenitores. El emplazamiento, el Tecla Sala de L’Hospitalet, un centro cultural único, periférico por ubicación, pero nuclear en sus propuestas me pareció acertado, no sé si intencionado, ya que extrañó no estar programada en el CCCB, epicentro del festival en sus inicios.

Sónar también es creatividad, tecnología y negocio, como reza el base line de su arteria +D. Este curso partía con un programa de conferencias de nivel, de entre las cuales, Zach Liebermann, presente otros años con instalaciones, fue para mí de las más significativas e inspiradoras. Un poeta visual del código que demostró a la no masiva audiencia que repetirse es bueno, que abrir las puertas del estudio una vez por semana es bueno, y que tener hijos es bueno, todo ello claro está siempre con el fin de experimentar con aquella pasión que cada uno lleve dentro, en su caso el código.

El planteamiento del congreso lejos está de consolidarse como cita ineludible de la aldea global, queda mucho trabajo por hacer para lograrlo. Quizás no sea tan buena idea coexistir con el festival musical y deba volar en solitario con otro formato y fechas. El esfuerzo que conlleva programar y coordinar el certamen parece no calar hondo en la audiencia, que claramente sigue viniendo por su vertiente festiva y hace que la línea de contenidos no quede del todo definida para inversores o compañías tecnológicas líderes, que tienen muy fijadas ya algunas fechas ineludibles.

De lo musical es difícil como de costumbre destacar sólo algunos de los presentes, tanto o más que conseguir ver todo lo que de partida tienes programado. Los espacios de día y noche siguen con su formato habitual, lo que es de agradecer y sigue siendo fácil desplazarse y encontrar sitio, así que eso hicimos desde el jueves, y e aquí algunos de los que para nosotros han sido los protagonistas de esta edición.

La primera jornada, con todavía mucha gente por llegar, sirvió para celebrar el directo de Undo. Sus últimas producciones, “Disconnect” o “Simbenia” son un excelente trabajo y un buen start point para descubrir su propio sello, Factor City. En ese mismo escenario y en lo que restaba de tarde, pudimos disfrutar del Breakbeat, jungle y disco de Yaejii con una sesión muy bailable y difícil de etiquetar.  Y nada más terminar subían a escena George Fitzerald y sus compadres, con un set que conjugó de maravilla, pop, house y destellos techno en un directo que fue más que correcto y que coincidió con el pantone rojo– cielo de las noches de junio. A partir de ahí y como plato fuerte, Laurent Garnier, que se dio un baño de masas repasando sus producciones quizás ya un poco manidas, pero que siguen teniendo ese poder indiscutible para conectar con las masas.

Del segundo día muchas cosas por destacar, Rosalía llenó el SonarHall con una actuación memorable: geishas, flamenco, electrónica y experimentación en un repertorio que fue de menos a más. Justo después y en el mismo escenario, Alva Noto nos deleitó con un directo elegantísimo en forma y fondo, sonido impecable y proyecciones apabullantes, superando con creces el anterior show en SonarComplex. Y es en el auditorio donde también se vivieron grandes momentos la tarde del viernes. Por ejemplo con Laurel Halo, que trazó exquisitas atmósferas acompañada de Eli Keszler, virtuoso batería que nos dejó sin palabras, o más tarde con el aforo más que completo, Ólafur Arnalds, del que se esperaba mucho y que es sin duda una de los talentos de la electrónica del momento, ya sea en solitario o con Kiasmos, set que ya pudimos disfrutar hace tres años. No quiero dejar sin citar la festiva actuación de Studio Barnhus, muy bailable y con proyecciones de exquisita factura.

En las sesiones de noche, los grandes del cartel cogieron el relevo de manera ejemplar, el viernes Gorillaz demostró que no sólo los visuales de Jamie Hewlett son más espectaculares en gran pantalla, su directo, cargado de soul, hip hop, disco y pop, fue para recordar. Ver a Damon Albarn cerrando el concierto con la melódica puso la piel de gallina a más de uno, a mí por ejemplo. Bonobo tampoco defraudó y rindió en plenitud de forma en un directo que algunos preveían poco acertado por la hora, pero que transcurrió con un notable alto.

El sábado sin lugar a dudas era para nostálgicos, LCD Soundsystem y Thom Yorke dieron dos recitales de mucho nivel. Esa misma noche Tokimonsta aka Jennifer Lee demostró que es una de las mujeres del momento, y que en el SonarPub no todo es techno puro. Y para todos aquellos que echaban de menos una sesión menos radical para el cierre, Motor City Drum Ensemble era la opción, cargaditos de grooves, house y electrónica, por los watios de los watios…

No queremos dejar pasar este aniversario sin rendir desde estas páginas un pequeño homenaje a todos aquellos que cada año inundan el festival con su buen rollo sin pretensiones, ese público Made in Sónar que es distinto al que puedes encontrar en otros festivales,  y que llenó de talento el césped artificial y las pistas de baile, o ¿se pensaban que el talento sólo estaba en los escenarios?  Pasen y vean, la moneda siempre tiene dos caras, ¿serán las tuyas?

Categoría: Cultura | 3 julio, 2018
Redacción: Javier Pereda
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