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Los pájaros de Ada Colau

La alcaldesa de una recién estrenada ciudad amiga de los animales se enfrenta a una invasión de 7.000 cotorras y 85.000 palomas

Categoría: Cultura | 28 marzo, 2017
Redacción: Alicia Cabezas

Ocells Los pájaros de Ada Colau

Un hombre entreabre la puerta de su casa en la Ciutadella. Primero asoma la cabeza, de fondo solo se oye el canturrear de las cotorras argentinas. Cientos de ellas le esperan fuera; lucen negras por la oscuridad de la noche; se apliegan sobre las cornisas de los edificios, en fila sobre el cable eléctrico y desordenadas en las ramas de los árboles, yacen inmóviles y parlanchinas. Se aventura a salir de su casa. Anda, sin poder ver el suelo, con pies de plomo entre los pájaros. Se apoya en la barandilla y una ave le ataca con su pico feroz. Trata de acercarse al garaje y recibe otro picotazo. Desde esta estancia observa la colonia de cotorras que le esperan fuera. Se sube al coche y sintoniza Catalunya Ràdio. “Los ataques de los pájaros parecen haber cesado”, dice el locutor. “No se ha llegado a ninguna decisión respecto a las medidas a tomar, pero se está considerando la colaboración del Ejército”, añade. Apaga la radio y enciende el automóvil. Avanza despacio y bajo la atenta mirada del clan al completo de loros de pecho gris, que cubren como una masa todo su alrededor. Se aventura a salir del coche. Dos de ellos tratan de arrancarle el bajo del pantalón.

Secuencia de “Los Pájaros”. (Intercámbiese los pájaros de Hitchcock por cotorras argentinas)

Es una de las secuencias de “Los Pájaros” de Hitchcock adaptada a una invasión feroz y salvaje de la cotorra argentina (Myiopsitta monachus) en Barcelona. Por el momento, más de 7.000 ejemplares de esta ave, proveniente de América Latina, han fijado su residencia en la ciudad. La primera vez que se detectó la presencia de esta especie en Catalunya, fue en 1975, en concreto, en la Ciutadella. Probablemente,  una pareja de estos pajaritos con ansias de libertad decidieron darse a la fuga dejando su jaula vacía, o quizás, el canto triste de un par de cotorras reblandeció el corazón de alguien hasta el punto que, no pudiendo soportar verlas entre rejas, decidió dejarlas volar en libertad. Al parecer, les gustó la ciudad, por todo eso del buen clima, lo bien que se come y decidieron echar raíces aquí.

Como consecuencia de su extraordinaria adaptación a nuestro hábitat natural, fue catalogada por el Gobierno como una Especie exótica invasora (EEI). Es decir, el divertido lorito verde es considerado como una “amenaza para la diversidad biológica nativa”, según las autoridades ambientales del Estado. Esas sí; las personas con verbosidad excesiva e incapaces de contar algo interesante, no. En poco más de diez años, la presencia del loro de pecho gris ha aumentado en un 137%, según datos del Servidor d’Informació Ornitològica de Catalunya (SIOC). Desde hace una década, la cotorra argentina se pasea con la misma tranquilidad que las palomas. Pero éstas últimas las superan con creces en número: 85.000 pichones hemos visto nacer.

La pelota se encuentra ahora en el campo de Ada Colau y de su equipo. En una recién estrenada ciudad “veg-friendly” y amiga de los animales, el gabinete de la alcaldesa se enfrenta a las cifras de invasión. La alarmas saltaron en 2015 cuando se publicó el primer censo nacional elaborado por la entidad SEO/Birdlife que situaba 5.000 pájaros de esta especie en Barcelona.

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El pájaro de pecho gris puede llegar a medir 30 centímetros. Imagen de David Castellano del SIOC

Hoy, con 7.000 ejemplares sobrevolando y plantando nidos por la ciudad, el plan para el pájaro verde es el mismo que el de las palomas: un método ético para el control de la población mediante un “pienso anticonceptivo”. El maíz con nicarbazina se reparte a través de dispensadores ubicados en puntos clave de la ciudad, conocidos como “puntos conflictivos”. Tal sustancia inhibe el deseo sexual de los pájaros reduciendo las posibilidades de apareamiento.

Al margen de la efectividad de este método, como mínimo nos tocará convivir con la charlatanería de esta ave unos 7,39 años más, cifra que se corresponde a su esperanza media de vida. Su longevidad es equiparable a la del conejo, pero éste sí brinda servicios a nuestra comunidad: la compañía de un animal dulce; cuya boca y nariz parecen dibujar una copa de Martini; y con un hocico entrañable que prácticamente vibra a la hora de husmear. Otros lo prefieren al ajillo, a la cerveza o al pil pil. Existe una segunda semejanza entre ambas especies: el ritmo de reproducción. La población de cotorras crece un 8% al año. Lo dicho, como conejos.

Pero lo más peligroso de esta especie viene ahora. Si a alguien le preocupa que una maceta pueda aterrizarle sobre el cráneo que lea la siguiente información sobre uno de los peligros de la cotorra de pecho gris: sus nidos. Pueden llegar a pesar más de 100 kilos,  y el 70% los construyen sobre palmeras. De hecho, uno de los motivos por los que la especie, devoradora de dátiles, se ha adaptado tan bien es por la abundancia de parques exóticos de la ciudad. En concreto, por nuestras 2.444 palmeras datileras. Cada palma constituye un hogar familiar para cuatro cotorras, con vistas de lujo y acceso fácil a su manjar favorito. El problema para la seguridad pública llega cuando las palmeras enferman y riesgo de su caída aumenta exponencialmente.

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Nido de cotorras argentinas, con diversas entradas, instalado en una palmera datilera

Barcelona abraza la filosofía de ser una ciudad amiga de los animales, con playas para perros y defensora de la cultura vegana y vegetariana. El método para frenar la invasión de determinadas aves es, cuando menos, coherente y más ético que el extermino llevado a cabo hasta ahora. Siguiendo el ejemplo de Génova por los buenos resultados obtenidos, Barcelona utilizará el maíz con nicarbazina para rebajar la presencia de determinadas especies. En el caso de colúmbidas, se espera reducirlas en un 80% en cinco años. La misma suerte correrá para la cotorra argentina.

Categoría: Cultura | 28 marzo, 2017
Redacción: Alicia Cabezas
Tags:  barcelona, cotorras, palomas,

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