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La angustia o la magnitud de la tragedia

Hay casi una certeza que todo irá de mal en peor y que uno no puede evitarlo

Categoría: Cultura | 12 enero, 2017
Redacción: Eulàlia París

ladder 1497436 La angustia o la magnitud de la tragedia

Ansiedad y angustia se utilizan de forma indistinta habitualmente. Sin embargo, no son exactamente lo mismo.Vimos que la ansiedad tiene de hecho una función adaptativa de ponernos alerta. Sentimos una amenaza y anticipamos un daño futuro. Nos advierte de un peligro imminente. Nos produce tensión para, o bien pasar a la acción, o bien pararnos. En su versión sana, sería reaccionar ante la posibilidad de chocar con otro coche y maniobrar, por ejemplo. En su versión no sana, la tensión puede desencadenarnos una cadena de reacciones físicas ante la situación de tener que hablar en público y llegar a paralizarnos. Por otro lado, la angustia es un estado afectivo, caracterizado por sentir un pesar, una gran pena o dolor. Normalmente se siente como una opresión fuerte en el pecho. Y puede desembocar en otras reacciones psicosomáticas. Un ejemplo: que la muerte de un ser querido o una separación de pareja, me arrastre a un sentimiento de profunda pena, quizás mezclado con otros (culpa, amargura…) y me sumerja en un duelo del que no acabo de salir. La ansiedad estaría más relacionada con el miedo, mientras que la angustia está en una zona entre el miedo y la tristeza.

Si la ansiedad tiene su lado positivo pero se vuelve crónica por exceso, con la angustia se sostiene y se perpetúa un estado de malestar a causa de una expectativa anticipada sobre lo que va a ocurrir: hay casi una certeza que todo irá de mal en peor y que uno no puede evitarlo; dicho de otro modo, uno se siente impotente, se retrae y vive una especie de tragedia. Es como vivir una condena de la que uno no puede escapar. Es importante señalar aquí como nos convierte en personas indefensas e inoperantes: no hay nada que hacer.Esta vivencia constante de pesadumbre tiene repercusiones psicosomáticas, como por ejemplo, sueño alterado o insomnio, y puede conducir a crisis depresivas.Para entender la magnitud de la tragedia, es interesante tener en cuenta algunos de los síntomas que se generan para evitarla. Serían los casos de las fobias, la hipocondría, los ataques de pánico, los tocs (trastorno obsesivo-compulsivo), trastornos alimentarios, etc. Los síntomas ocultan la angustia, el malestar, y se construyen para evitar esa angustia y ese malestar. Para evitar algo con lo que no nos manejamos satisfactoriamente o no estamos resolviendo bien.

Con la fobia, me creo un objeto al que le tengo miedo. En el caso de la agorafobia, me creo una zona de confort, donde estoy bien, y me quedo en casa, no salgo a la calle. Cuando estoy en casa, estoy tranquilo. O con los tocs, puedo ritualizar, creando alguna cosa que me quite la angustia y, mientras ritualizo, me calmo. Por ejemplo, lavarse varias veces las manos o comprobar determinadas veces el gas antes de salir de casa. Sin embargo, detrás de todo ello, lo que ocurre realmente es que tengo un problemón en mi vida y creo que no puedo hacer nada al respecto. El remedio acaba siendo una mala defensa.

Os dejo este vídeo de un joven poeta americano, Neil Hilborn, recitando un poema suyo en el que refleja y reproduce cómo es vivir con un TOC. Creo que transmite muy bien la angustia y el sufrimiento.

 Sa i estalvi 

Agradecimientos:

A NomNam por el naming de la sección

Imagen de Pixabay.

 

Categoría: Cultura | 12 enero, 2017
Redacción: Eulàlia París
Tags:  angustia, ansiedad, fobia,

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