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Bienvenidos a la Gran Mentira

Es la hora de poner el Barri Gòtic en su sitio: el barrio que odio amar y amo odiar.

Categoría: Cultura | 6 mayo, 2015
Redacción: Óscar Broc

Es la hora de poner el Barri Gòtic en su sitio: el barrio que odio amar y amo odiar. Los habitantes del Gòtic tenemos las entendederas a prueba de loqueros. Somos la bipolaridad hecha carne. Amamos hasta la muerte nuestro barrio, pero cuando llega el calor queremos estrangularlo y de paso llevarnos por delante a los guiris asilvestrados que lo convierten en una mezcla de Terra Mítica y Magaluf. Señor Trias, si este año no se pone coto al turismo basura, vaticino revueltas y justicia vecinal: yo ya he comprado mi antorcha.

turismo barri gotic segways barcelona 2 Bienvenidos a la Gran Mentira

El Barri Gòtic es el manicomio de Barcelona, un remolino que gira enfurecido en Ciutat Vella, engullendo guiris, pedigüeños, borrachos, camellos y músicos callejeros como el desagüe de un sumidero cósmico. Aunque media ciudad lo ignore (o lo parezca ignorar) en la espiral esquizoide de este remolino viven personas. Los habitantes del Barri Gòtic existen: yo soy uno de ellos, uno de los infectados por esa bipolaridad fiera que te hace amar hasta la extenuación y odiar hasta la repugnancia el barrio.

Y ahora es el momento del cambio. La primavera. Transitamos el inestable ecuador de la bipolaridad gótica. Llegan los guiris como jaurías de verracos famélicos arrasando una plantación de belloteros. Y con ellos, afloran las crisis de histeria. Los planes de mudanza que nunca cuajan. “Odio este puto barrio”, “La Barcelona de Trias apesta”, etc. Si vivís en el Gòtic conoceréis este salto que va de un extremo al otro del espectro emocional en el tiempo que tarda un vendedor ambulante en ofrecerte cerveza con bacterias. Y a pesar de todo, sé lo que pensáis, mis bipolares vecinos: no hay mejor infierno que éste, ¿hum?

 

BG State of Mind

No conozco otro barrio que establezca una relación de amor-odio tan tóxica con sus habitantes. Durante los meses de frío, los góticos sacamos pecho, amamos nuestras calles. Ajeno a los estragos de la varicela guiri, el terreno muestra su verdadera (y saneada) piel. Adoquines, farolillos victorianos y gárgolas flotan en la bruma, cuando vuelves del trabajo. Las callejuelas se despliegan como un troquel laberíntico de cartón piedra. Resulta difícil resistirse a la Gran Mentira que es este barrio. Un barrio que se autodenomina gótico pero a lo sumo no tendrá más de 5 edificios góticos. ¡Un barrio medievalizado con brocha gorda en el siglo XIX y parte del XX! Un truco burgués de ilusionismo barato.

turismo barri gotic segways barcelona 3 Bienvenidos a la Gran Mentira

Todos los habitantes del Gòtic somos conscientes de la treta; sabemos que vivimos en un decorado, pero es un decorado que nos gusta. Cuando llega el frío, vivir en el núcleo duro (Regomir, Gignàs, Lledó, Palma de Sant Just, Baixada de Viladecols…) es lo más cercano a visitar un set de rodaje de un film de la Hammer: Peter Cushing saliendo de un portal con las solapas hasta las orejas y un crucifijo en la mano, esas cosas. Los góticos entramos en el juego, nos gusta la impureza genética de un entorno bastardo que no es lo que parece. Servimos a la Gran Mentira, disfrutamos con un timo que lleva a pensar al 90% de los turistas que están viendo historia viva de la Barcelona ancestral, cuando en realidad se pasean por un set de rodaje, un monstruo de Frankenstein arquitectónico.

Amo este agujero. El perfume de la marihuana se extiende por todas las esquinas. Paquistaníes cruzan las mismas calles una y otra vez montados en bicicletas cochambrosas, vendiendo Dios sabe qué. Los punkies de la guitarra. Los perros sueltos. Los túmulos de bolsas de basura. La tensa convivencia entre automóviles y peatones en las calles más angostas. Vendedores ambulantes de birra barata que transmutan latas en gramos. Los vapores de fritanga del Tropezón. El Gòtic se mete en tu pellejo como una enfermedad cutánea incurable. Cuanto más tiempo llevas conviviendo con sus anomalías más integrado te sientes en su engranaje dislocado. Amas sus defectos como si fueran virtudes… Hasta que llegan los malditos turistas de garrafón y todo lo que antes te gustaba del barrio es lo que más aborreces ahora. ¡Boom! La bipolaridad del Gòtic pegando duro.

 

Casa tomada

Cuando ves los primeros Segways atropellando viejas, los primeros grupos de adolescentes franceses sembrando el terror con motoretas eléctricas por las aceras, notas que el amor que sientes por el Gòtic comienza a transformarse en un estado lobuno de irritación, agresividad, malas pulgas. No es agradable ver tu casa convertida en una pool party para cretinos, una zona de paso para bancos de turistas que siguen a un pimpollo con una banderita. El Ayuntamiento entrega el barrio al guiri, atendiendo a un a ley no escrita que dice que el Barri Gòtic solo pertenece a sus habitantes de octubre a mayo. El resto del año, nuestros derechos quedan sepultados bajo torrentes de orín, vomitadas y vaharadas de after sun barato.

turismo barri gotic segways barcelona 1 Bienvenidos a la Gran Mentira

Repasemos algunas de las inconveniencias a las que nos enfrentamos los habitantes del Gòtic. Carencia alarmante de supermercados. Limpieza tercermundista de las calles. Precios hinchadísimos. Floración virológica de tiendas de souvenirs cutres. Hondonadas de marihuana 24×7. Comercios que van y vienen para blanquear dinero. Deterioro alarmante del mobiliario urbano. Eau de meada como ambientador oficial… Si a estos problemas crónicos le sumamos la invasión y el saqueo del turismo cavernícola en los meses de calor, solo nos faltará aceptar que los habitantes del Gòtic somos barceloneses de segunda y utilizar nuestros derechos más elementales como contribuyentes para recoger las incontables mierdas de perro que asolan Ciutat Vella.

Los habitantes del Gòtic nos sentimos como las víctimas del asedio que Julio Cortázar relató en Casa Tomada. Los intrusos nos han arrinconado en nuestro propio terreno y el desamparo es radical. Nos obligan a salir fuera. Conozco a unos cuantos habitantes del Gòtic que abandonan el barrio por estas fechas y se instalan en otras latitudes de Barcelona. Tal cual.

Y es que pasear por el Gòtic en verano supone acribillar con los codos esas melés de guiris que obstruyen las vías peatonales y se quedan embobados ante una iglesia de mentira, un arco impostado. No sé qué me produce más repugnancia, si estos guiris o los guías que, micrófono en mano, les dicen que Darth Vader ordenó la construcción de la plaza de Sant Felip Neri.

turismo barri gotic segways barcelona 4 Bienvenidos a la Gran Mentira

Pasear por el Gòtic en verano, supone ceder la acera a motos eléctricas de alquiler, Segways, patinetes, bicicletas. Esquivar gente semidesnuda. No dormir por culpa de de los malditos pisos ilegales para turistas. No ponerte nunca sandalias porque te comes un meado fijo. Soportar un turismo que llega al Gòtic pensando que está en Sodoma y no siente el más mínimo respeto ni por el barrio ni por la gente que intenta vivir en él.

Eso sí, la invasión y rapiña guiri permitida por la administración Trias tiene también un lado positivo. Los habitantes del Gòtic nos hemos hecho fuertes, somos una maldita y compacta piña. La constante agresión guiri ha reforzado el tejido social del barrio, y también nos ha vuelto más tensos y beligerantes. Si este verano la espiral de diarrea turística se dispara, la revuelta de la Barceloneta de verano de 2014 solo será la primera de muchas. Sabemos que el Gòtic es una Gran Mentira pero es NUESTRA Gran Mentira y la defenderemos con uñas, dientes y ciencia oscura.

Porque bajo las cloacas del Barri Gòtic se ha ido generando una masa de odio palpitante, carnívora, hecha de podredumbre, viscosidad y tentáculos. Un titán oscuro que, convenientemente invocado por los habitantes del Gòtic, se alzara de las profundidades del barrio y devorará a guiris borrachos, bañistas desnudos, conductores de segways, vendedores de castañuelas y todo lo que se le ponga por delante. Señor, Trias, por favor, no hagamos que despierte el monstruo.

turismo barri gotic segways barcelona 5 Bienvenidos a la Gran Mentira

Categoría: Cultura | 6 mayo, 2015
Redacción: Óscar Broc
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